Humanizar la economia: las personas y el trabajo por encima del capital

Observación inicial

Desde la Comisión de Formación de la Xarxa d’Economia Solidària de Catalunya (XES) nos proponemos abrir el debate en torno a aquellas ideas que amplian nuestra comprensión de la Economia Social Solidaria (ESS) al mismo tiempo que permiten identificar entre las diferentes alternativas económicas que han surgido en las últimas décadas aquellas con las que comparte los mismos principios y valores, como sería el caso de la llamada Economía Ecológica postulada por Manfred Max-Neef, así como diferenciar la propuesta de la ESS de otras nuevas alternativas económicas, como sería el caso de la llamada Economía del Bien Común postulada por Christian Felber o la amalgama de postulados de la Economía Colaborativa. En este sentido, una idea que puede servir para cumplir ese objetivo es la de trabajo. De ahí nuestro interés en participar en la X edición del curso de Derechos Sociales organizado por el Observatorio DESC, dedicado este año a las transformaciones de los trabajos.

Tal como se declara en el documento “Els nostres principis”, que se encuentra en la web de la XES[1], en el que se apuntan la equidad, el trabajo, la sostenibilidad ambiental, la cooperación, la actividad económica sin afan de lucro y el compromiso con el entorno, una de las novedades de la ESS es que se piensa el trabajo en la articulación de dos tendencias que a primera vista pueden parecer contradictorias, la autonomía y la cooperación. De hecho, la ESS se basa en esas dos motivaciones, como si se tratase de los dos movimientos que tiene el corazón, el de contracción llamado sístole y el de dilatación o expansión llamado diástole. Con la autonomía del individuo logramos desarrollar todo nuestro potencial humano para poderlo proyectar en la vida social. Y con la cooperación alcanzamos nuestra mayor realización como seres sociales, tal como puede apreciarse en la evolución cultural acumulativa y en las instituciones sociales que caracterizan la cultura humana.

Gracias a este dinamismo se consigue que la producción, la distribución y el consumo de bienes, así como el ahorro y la inversión, se realicen de manera razonable, con una eficiencia compatible con una auténtica responsabilidad social, y con criterios éticos y ecológicos, tal como se viene realizando desde los valores de la ESS en un creciente número de entidades en todo el mundo, que tal como fueron expresados el 2008 (en los inicios de la actual crisis económica) en la Carta de la Red Intercontinental de Promoción de la Economía Social Solidaria (RIPESS) son los siguientes: humanismo; democracia; solidaridad; inclusividad; subsidiaridad; diversidad; creatividad; desarrollo sustentable; igualdad, equidad y justícia para todos y todas; respeto e integración entre los países y los pueblos, y una economía plural y solidaria[2].

Una definición de trabajo desde la Teoría de las necesidades de Manfred Max-Neef

Ha llegado a ser un lugar común la afirmación que el trabajo es una actividad de nuestra vida social que permite satisfacer necesidades. Pero ya no es tan obvio decir que satisface todas nuestras necesidades. Si seguimos aquí la Teoría de las necesidades postulada por Manfred Max-Neef en su libro Desarrollo a escala humana (1991)[3], el trabajo permite satisfacer las necesidades de Subsistencia, Protección, Comprensión, Participación, Creación e Identidad. En cambio no se precisa el trabajo para satisfacer las necesidades de Afecto, Ociosidad y Libertad. Por ejemplo, está claro que si todos los aquí presentes participamos en este Curso es porque percibimos como una necesidad fundamental la Comprensión, y en este contexto un satisfactor es el trabajo intelectual que todos estamos haciendo en este momemto (organizadores, paricipantes y ponente). Y cabe hacer aquí una segunda distinción, la que existe entre satisfactores y bienes, siendo estos últimos los medios que utilizamos para realizar los diversos modos de satisfacción de nuestras necesidades, por ejemplo, la disertación que ahora estoy desarrollando o el texto impreso de esta ponencia cuando se publique.

Así pues, como primera conclusión podemos decir que el trabajo es un satisfactor y no una necesidad, y que tampoco es un bien, es decir, el trabajo es uno de los casi infinitos modos que hemos inventado para satisfacer nuestras necesidades. El trabajo consiste, al mismo tiempo, en una posesión, en una actividad y también en una manera de interactuar limitado a un determinado ámbito y a un determinado nivel de nuestro desarrollo personal. Y en tanto que es uno de los satisfactores más eficaces para satisfacer la mayor parte de nuestras necesidades fundamentales debería ser un derecho social inalienable. Por tanto, no es legítimo afirmar, tal como se postula desde el pensamiento liberal, que la fuerza de trabajo es una mercancia que se puede comprar y vender como si se tratase de cualquier bien, cuyo precio está sometido a la ley de la oferta y la demanda. Porque entonces no se puede garantizar el derecho social al trabajo, tal como sucede hoy en día. Como tampoco es legítimo atribuir al trabajo, tal como se viene haciendo en el capitalismo, la satisfacción de necesidades como el Afecto (a no ser que se quiera justificar una institución como la família tradicional o el ejercicio de la prostitución), la Ociosidad (a no ser que se quiera promover el consumismo, así como una técnica de control social como la gamificación, hoy tan de moda en empresas y escuelas) y la Libertad (a no ser que se quiera justificar la esclavitud o promover el trabajo precario. Es difícil olvidar aquí gestos como el de los nazis al poner en la entrada de los campos de exterminio la frase “Arbait macht frei”).

Y es pertinente llamar la atención aquí sobre el papel que juega el trabajo en la satisfacción de la necesidad de Identidad. El hecho de tener un trabajo nos da un sentido de pertenencia a un grupo laboral (la profesión), nos vincula a una institución social (la empresa), nos confiere un papel como agente social (el mérito y la influencia) y nos situa en un determinado contexto social (el estatus). Quien vive una situación de desempleo (como la que se vive masivamente en España, que en el 2014 la tasa de paro fue de 21,6%, de la cual un 47,7% correspondía a los menores de 25 años) no sólo se siente expulsado del sistema social, lo que puede causar tanto patologías indivuales, tales como estrés, depresión, resentimiento y violencia, como puede causar patologías sociales, tales como racismo y xenofobia. También es privado de la satisfacción de una necesidad fundamental para la realización de toda persona como es la Identidad, lo que genera sin lugar a dudas la corrosión de nuestra dimensión social y moral, y con ella la destrucción de nuestra humanidad.

Por otra parte, tal como postula Max-Neef, mientras las necesidades fundamentales son constantes antropológicas e históricas, los satisfactores, en cambio, son contingentes y su variación en diferentes momentos históricos, por lo que respecta tanto a sus propios modos como a la creación de bienes a través de los cuales se concretan los medios utilizados, viene determinado por el sistema social vigente. Así pues, como segunda conclusión podemos decir que cuando se produce un cambio en el sistema social, también cambia el uso de los satisfactores o bien se sustituyen los satisfactores tradicionales o convencionales por otros alternativos o nuevos.

A la vista de esas dos conclusiones, si queremos cambiar el marco mental del pensamiento liberal desde el que se concibe hoy el trabajo, a fin de superar las desigualdades y patologías que causa el capitalismo, y hacer posible de este modo la generación de nuevos modos de trabajo renumerado que permitan la satisfacción de las necesidades de Subsistencia, Protección, Comprensión, Participación, Creación e Identidad, así como el reconocimiento y la valoración positiva de los trabajos no renumerados en la satisfacción de esas mismas necesidades, tenemos que construir un nuevo sistema social alternativo al capitalista. Ahora bien. Podemos llenarnos la boca con declaraciones de principios y valores bienintencionados, pero si nos quedamos en la teoría poco avanzaremos en la vía de la transformación social. Esta gestualidad ha sido, por cierto, uno de los principales errores de los partidos políticos procedentes de la tradición marxista. Para convencer a una mayoría social que el cambio sistémico es posible hay que demostrar su factibilidad y presentar casos prácticos que se puedan replicar en todos los países del mundo, haciendo visible su interés social en relación al logro de la satisfacción de nuestras necesidades fundamentales.

Ciertamente existen diversas escuelas de pensamiento económico que se postulan como alternativas al actual pensamiento neolibreal. Y estos constructos son necesarios para fundamentar un cambio sistémico. Pero la transición del capitalismo a un nuevo sistema social postcapitalista no la hará ningún discurso emancipatorio sino un conjunto de prácticas económicas guiadas por nuevos principios y valores que los individuos reconocen mutuamente. Como tampoco es posible realizar esta transición desde un supuesto grado cero de la economía que ignore las prácticas más eficaces del sistema capitalista, como son el mercado, la sinergia, la gestión del conocimiento y la tecnología. En este sentido, la ESS, en tanto que representa la convergencia de todas esas prácticas, es el paradigma del sistema social postcapitalista que ya se está construyendo en muchos países de todo el mundo, sobre todo en el continente europeo y en el americano.

La ESS como vía de un cambio sistémico del capitalismo

La ESS es una alternativa a los tres sistemas sociales que hasta ahora han sido dominantes en diferentes momentos históricos y países en los últimos siglos: el capitalismo del laissez-faire, el capitalismo del Estado de bienestar y el socialismo de Estado con economía planificada. Frente al individualismo y el utilitarismo del primero propone la acción colectiva, el mutualismo y la pluralidad. Frente a los déficits sociales del segundo propone el empoderamiento político de las clases populares (democracia participativa) y el empoderamiento económico de los trabajadores (democracia económica). Y frente al dirigismo estatista del tercero propone la subsidiaridad, la diversidad, la participación y la creatividad.

Además, ninguno de estos tres sistemas sociales respetan los dos principios de justicia postulados por John Rawls en su libro Teoría de la Justícia (1971): la igualdad equitativa de oportunidades y el beneficio de la creación de riqueza a los más desfavorecidos[4]. Este déficit moral en la economía no se encuentra en los otros dos sistemas sociales que se han efectuado: la democracia de propietarios y el socialismo liberal (democrático o de mercado). Pero estos dos sistemas o bien han tenido una breve práctica en el pasado (por ejemplo, el primero en los orígenes de los EEUU y el segundo en la Yugoslavia del régimen de 1963) o bien no han pasado de la teoría en el presente. Y sólo el segundo es plenamente compatible con la empresa cooperativa, que representa el modelo en el ámbito laboral del sistema social que la ESS construye en base a los valores antes mencionados y que se expresan en la Carta de RIPESS citada más arriba.

Así pues, la ESS tiene una equivalencia con el socialismo liberal. Pero tiene una ventaja para su aplicación. No es un simple constructo cuya validez depende de una serie de experimentos sociales, sino que también es la expresión de una inclinación social de nuestra especie a agruparse de manera solidaria para satisfacer sus necesidades vitales con objeto de subsistir, puesto que cuando está en juego nuestra supervivencia los intereses del indivuduo y los del grupo son concomitantes, por lo que la cooperación es más beneficiosa que la competitividad. El origen de las primeras empresas cooperativas, como la de los pioneros de Rochdale, así como la prevalencia de los bienes comunes hasta nuestros días, responde justamente a esta motivación.

En este sentido, la generación de una alternativa factible al actual modelo globalitario del neoliberalismo, que representa una vuelta al capitalismo del laissez-faire en tanto que recorta los derechos sociales del capitalismo del Estado de bienestar, no sólo hay que pensarla como la esperanza que otra economía es posible, sino como un impulso de vida, una necesidad de supervivencia frente al aumento de la precariedad, el desempleo, la pobreza y la exclusión social. De ahí que una multitud de entidades que venian trabajando en la generación de esa alternativa económica se organizaran en red para potenciar y visibilizar la economia solidaria que ya estaban construyendo, constituyendo nuevas entidades como la Red de Redes de Economía Alternativa y Solidaria (REAS)[5] el 1995 en el Estado español, la Red Intercontinental de Promoción de la Economía Social Solidaria (RIPESS)[6] el 1997 en todos los continentes y la Xarxa d’Economia Solidària (XES)[7] el 2003 en Cataluña.

El trabajo cooperativo como modelo de satisfactor de necesidades

La mayor parte de las entidades de estas redes de ESS son cooperativas que, en la actual situación de crisis económica i la consiguiente destrucción de puestos de trabajo, han conseguido no sólo conservar el empleo ya generado sino también generar empleo estable y de calidad. Según los datos publicados en la Memoria de Actividades 2014[8] de la Confederación Española de Cooperativas de Trabajo Asociado (COCETA), en el Estado español existen 20.258 cooperativas con 292.394 socios en alta en la Seguridad Social, de las cuales 16.975 son de trabajo asociado, siendo la mayoría socias y socios trabajadores. Las cooperativas destruyen 10 puntos menos de empresas que las mercantiles y en las de nueva creación (1.293 en el 2014, de las cuales el 78% han sido de trabajo) se han creado 7000 empleos. Por lo que se refiere a las cooperativas de trabajo, han crecido más de 15 puntos desde 2007 y en el 2014 se crearon un 5,7% más que en 2013. Además, el empleo se ha creado con una integración igualitaria de las personas. Así, las mujeres representan el 49% y ocupan el 39,3% de los puestos directivos, y existe un alto porcentaje de conciliación entre vida laboral, familiar y personal. Y el 97,31% de las personas participantes en las acciones formativas de COCETA pertenecen a colectivos prioritarios (desempleados, mujeres y jóvenes).

Ahora bien. No deberíamos limitar nuestra valoración positiva del cooperativismo al hecho que sea la fórmula más idónea para generar empleo estable y de calidad en una situación de crisis económica como la actual. Ni siquiera al hecho que sus asociados logren a través del trabajo cooperativista la satisfacción de la mayor parte de las necesidades fundamentales en contra de lo que sucede en el trabajo asalariado, al menos en aquellos casos de explotación y precariedad. Porque sus finalidades van van más allá de ocupar los intersticios del mercado que dejan las empresas capitalistas y su interés social trasciende a las ventajas obtenidas por sus socios y socias. En la medida que informa los valores de la ESS, así como sus conceptos centrales, entre los que cabe destacar la autogestión, la participación activa de los trabajadores y la propiedad colectiva de los medios de producción, no sigue el imperativo del aumento de la productividad, de la acumulación del capital y del crecimiento sin reparar las externalidades negativas que comporta, y en consecuencia no puede dejar de aspirar a la substitución del mercado capitalista por el mercado social constituido por todas las entidades de ESS.

En el actual sistema capitalista el trabajo se define como un factor de producción i como tal se computa como un coste directo subordinado a la acumulación del capital y a la extensión del mercado. En tanto que fuente de productividad y riqueza, su importancia en la actividad económica depende exclusivamente de su eficiencia técnica y económica. De hecho, en los países con más desarrollo tecnológico, por la automatización del trabajo y las nuevas tecnologías, la empresa capitalista puede aumentar la producción y obtener mayores beneficios con menos trabajadores, por lo que el factor tecnológico junto con el factor capital han aminorado la importancia del factor trabajo en la productividad. Frente a este modelo de mercado de trabajo el cooperativismo –al menos el que lleva a la práctica la democracia económica–, representa una alternativa que ya se viene efectuando, puesto que la empresa ya no se define como un conjunto de factores de producción, sino como una comunidad política que tiene como regla principal “una persona, un voto”. Asímismo, tampoco se definen los ingresos de los trabajadores asociados como salarios, sino como participaciones en los beneficios, en tanto que ya no se consideran los salarios como costes directos, sino como la diferencia entre los ingresos por ventas y los costes de mano de obra indirecta. De este modo, desde la praxis cooperativista ya no se concibe al trabajador como una mera mercancia a la que se pueda asignar un precio.

Por otra parte, la definición liberal del salario es un eufemismo porque en la práctica sólo los trabajadores más cualificados pueden pactar con el empleador su retribución. Y llega al cinismo cuando se afirma que cabe esperar que el salario permita únicamente la satisfacción de dos necesidades fundamentales: la Subsistencia (en el liberalismo clásico) y la Protección (en el liberalismo reformista). Por lo demás, el único trabajo que se considera útil y susceptible de retribución és el productivo en la medida que comporte un beneficio lucrativo para el empleador. En consecuencia, todas las ocupaciones cuyos bienes o servicios sólo tengan valor de uso, como el trabajo doméstico, la crianza de niños, el cuidado de enfermos y ancianos y los servicios voluntarios a la comunidad, deben limitarse al ámbito privado o bien transformarse en ocupaciones cuyos resultados se monetaricen y por tanto tengan valor de cambio.

Así pues, en el sistema capitalista sólo los empleadores y los trabajadores con elevada o media cualificación de su fuerza de trabajo tienen la posibilidad de satisfacer todas las necesidades fundamentales, mientras que los trabajadores con baja cualificación sólo pueden satisfacer las necesidades de Subsistencia y Protección, y esta última no siempre. Y en el caso de no tener un trabajo “útil” o no tener trabajo alguno ya no se pueden satisfacer esas dos necesidades, salvo que uno dependa económicamente de otra persona, de un subsidio o de la beneficencia. No creo que sea aventurado afirmar, a la vista de la crisis civilitatoria en la que se halla hoy dia el capitalismo, que esta desigualdad en el trabajo irá en aumento, condenando a todos los expulsados del mercado laboral a buscar la satisfacción de sus necesidades en la economía sumergida o en la solidaridad, por un lado, y por el otro, en la acción colectiva y la autoorganización de nuestras vidas. Esta segunda vía es la que toma el cooperativismo convirtiendo un problema social en una oportunidad para la transformación social. Porque la acción revolucionaria para subvertir un orden social injusto no consiste únicamente en la lucha política. Hay otras vías, como nuestro comportamiento cotidiano, anónimo y silencioso como agentes económicos que va cambiando la manera de producir, distribuir, consumir, ahorrar e invertir, esto es, la manera de trabajar para satisfacer la mayor parte de nuestras necesidades fundamentales.

No obstante, la vía cooperativista para la generación de un empleo estable y de calidad no es fácil, y hay retos que se deben superar para que cualquier cooperativa sea viable. Emilio Santiago Muiño, del Instituto de Transición Rompe el Círculo de Móstoles[9], nos señala en un lúcido escrito titulado “Producir para vivir: un mapa teórico de las economías cooperativas” (2013) las siguientes dificultades:

  • Superar la mentalidad del asalariado, encuadrada en la obediencia
  • Institucionalizar la práctica cooperativa sin jerarquizarse
  • Resolver los conflictos y dilemas morales con otros agentes políticos y económicos, así como con los propios socios y socias.
  • Reforzar el consumo responsable participando de este modo en la creación del mercado social
  • Subordinar la producción a la generación de formas de vida alternativas y comunitarias, compartiendo, ayudando e intercooperando
  • Desplazar los prejuicios ideológicos en las relaciones y alianzas estratégicas con actores políticos y empresas mercantiles con los que se comparten objetivos y valores
  • Adoptar en los inicios la forma jurídica que más convenga perseverando una identidad cooperativista
  • No confiar en las administraciones públicas pero mantener una interlocución e incluso una colaboración con ellas
  • Hacer visible y de forma atractiva a la sociedad la percepción de equidad y bienestar que conforma la experiencia cooperativista

Ciertamente las dificultades de la vía cooperativista para la emancipación econónima del trabajador y la superación de su condición de asalariado no son pocas. Pero en el actual sistema social los desempleados, los trabajadores precarios y los trabajadores de baja cualificación o toman el control de sus vidas y construyen una alternativa económica que les permita participar del ideal de la vida buena, de la felicidad, en la medida que consigan garantizar la satisfacción de sus necesidades fundamentales, o están condenados a la pobreza y la exclusión social. La cooperativa no es, naturalmente, la única vía para autoorganizar la vida y conseguir un empleo. Pero ha demostrado su eficacia para el empoderamiento de los trabajadores, asi como es una evidencia que constituye una organización resiliente para hacer frente a la crisis sistémica del capitalismo.

Cooperación Jakson: un caso destacable de municipalidad cooperativista

Un caso a destacar de la ESS como vía de un cambio sistémico del capitalismo, así como del trabajo cooperativo como modelo de satisfactor de necesidades, es el proyecto Jakson Rising (Cooperación Jajson) que se viene desarrollando desde el 2013 en la ciudad de Jakson, la capital y la ciudad más poblada de Mississippi, en los Estados Unidos de América. Según los datos de la Oficina del Censo de los EE.UU del 2000, esta ciudad con una población de cerca de 184.000 habitantes, tenía unas altas tasas de desempleo (cerca del 25%) y de pobreza (cerca del 20% de familias y del 24% de la población estaban por debajo del umbral de la pobreza, de los cuales cerca del 34% era menor de 18 años y cerca del 16% tenía 65 años o más), una elevada concentración de población afroamericana (con cerca del 71% de la población, ocupa la 10ª posición en los EE.UU.), el mayor porcentaje de tasa de crecimiento inmigrante de todos los EE.UU, sobre todo latinos de México, y padecía un incremento de crímenes violentos y contra la propiedad, que la convertía en una de las ciudades más peligrosas de los EE.UU (según datos del 2007 ocupaba la posición 23). Desde los años 80 del pasado siglo ha ido disminuyendo su población pero de una manera desigual, porque mientras la población afroamericana y latina se desplazaba a los suburbios, en cambio se producía un repunte en los barrios residenciales[10]. Este deterioro en las condiciones de vida y el bienestar de las clases populares de Jakson fue el resultado de décadas de una gobernanza municipal que desatendía las necesidades de la población, la desinsdustrialización, el déficit y la obsolescencia de las infraestructuras, la baja presión fiscal, el elevado desempleo estructural y el bajo rendimiento de las escuelas públicas, impidiendo esto último la función de la educación como ascensor social de las clases populares.

Esta situación cambió cuando Chokwe Lumumba, abogado, activista y co-fundador del Movimiento de Base Malcolm X (MXGM) –una organización radical de derechos humanos de los afroamericanos, que busca la autodeterminación de las comunidades negras marginadas–, ganó las elecciones municipales y fue elegido alcalde de Jakson el 4 de junio de 2013. Su programa se basaba en políticas económicas y sociales que abordaban de manera sistemática las desigualdades socioeconómicas, raciales y de género buscando un reparto más equitativo de la riqueza. Aunque Lumumba murió repentinamente (el 25de febrero de 2014, extraoficialmente se informó de un paro cardiaco), los siete meses de su mandato sentaron las bases de un experimento social que continúa hoy en día y que ha hecho de la ciudad de Jakson un ejemplo de democracia económica mediante la creación de cooperativas y otras entidades del Tecer Sector que han generado ocupación y prestaciones sociales. Con un presupuesto municipal de cerca de 1000 millones de dólares para infraestructuras a gastar en la próximas décadas, el gobierno de Lumumba está llenando a las cooperativas de contratos municipales. La idea fuerza que mueve este cambio de rumbo en la política municipal de Jakson no es otra que la de la Economia Social Solidaria, con la que se persigue invertir el proceso de gentrificación, estabilizando los vecindarios y las comunidades, y fomentar la cooperación como medio para generar puestos de trabajo y servicios que permitan satisfacer las necesidades de toda la población. Sin embargo, a pesar de su impacto positivo en las condiciones de vida de la ciudadanía, los medios de comunicación han guardado silencio en torno a este experimento social, y llama la atención que en la entrada que tiene Lumumba en la Wiquipedia se omita completamente la acción de gobierno municipal que emprendió[11].

A fin de perseverar y desarrollar el legado de Lumumba, los miembros del Movimiento de Base Malcolm X, la Asamblea del Pueblo de Jackson y el Fondo para las Comunidades Democráticas, organizaron en el mes de mayo del 2014 la conferencia Jackson Rising: Nuevas Economías[12] que reunió a líderes comunitarios, activistas y expertos en economías alternativas a la capitalista. La apusta por el cooperativismo que se manifestó en esta conferencia responde, es importante destacar, a un proyecto político del MXGM de cambio sistémico. Tal como afirman: «Cooperación Jackson busca formar una federación local de cooperativas para compartir información y recursos y para garantizar que las cooperativas sigan los principios democráticos de la autogestión que empoderan a sus trabajadores. Siempre hemos dicho “liberar la tierra”. Ahora queremos “liberar la mano de obra” también». Este sentimiento es compratido por Sarah Pike, directora asociada de la Asociación de Educadores Cooperativos y participante en la conferencia: «Lo que sucede en Jackson es emocionante porque se impulsa a gente de todos los sectores a tomar el control y decir “ésta es nuestra comunidad, se trata de nuestra vida, se trata de nuestra economía, y vamos a levantar Jackson”». Otro testimonio relevante es el de Elandra Williams, del Centro de Investigación y Educación Highlander y también participante en la conferencia: «Tratamos de unir a las personas que trabajan en economías alternativas; esto nos ayudó a pensar en lo que es la cooperativa y cómo se aplica en el sur estadounidense, quién lo hace y cómo nos aseguramos de que los grupos, normalmente marginados y fuera de la interlocución [con los actores políticos y económicos], estén dentro».

Se trata, por tanto, no sólo de buscar relaciones de horizontalidad entre los de abajo y los de arriba, sino de empoderar a los de abajo para que, con su voluntad de transformación social, impusen la democratización de la economía. De este modo las clases populares se convierten en un actor político y económico que impulsa la realización de todas aquellas políticas y prácticas económicas que puedan garantizar la satisfacción de sus necesidades. Tal como expresa la misma Williams: «Mi meta es ver cuántas semillas podemos plantar para producir un cambio cultural completo, porque aunque tengamos las políticas y la asistencia técnica, si no lo hacemos culturalmente –cambiando la mentalidad para que la gente diga, esto es mío, y tome la propiedad-, entonces no importa»[13].

Reflexión final

A pesar de los efectos catastróficos de la actual crisis económica sobre el mercado de trabajo y el bienestar de todos los afectados, todavía existe una creencia muy extendida, tanto entre las clases populares como entre las clases medias, que las élites económicas tienen el compromiso de servir tanto a sus intereses particulares como a los interes del conjunto de la ciudadanía, y también que las élites políticas tienen entre sus funciones la de proponer las soluciones más eficaces a los problemas sociales. Sin embargo, desde finales de la década de los 90 del pasado siglo se ha hecho cada vez más evidente que las grandes empresas y los partidos políticos convencionales no tienen otra responsabilidad que la de servir al capital y no ya a las personas, de tal manera que las corporaciones empresariales se han convertido en conglomerados de activos financieros que se pueden explotar sin límite alguno, sin ninguna responsabilidad hacia los empleados, los clientes, los proveedores, las comunidades y la naturaleza, tal como han puesto de manifiesto los numerosos escándalos, fraudes, corrupciones y desastres ecológicos que han protagonizado, y que los estados hayan degenerado en estructuras extractivas de capital de las clases populares y medias sin ninguna relación de equidad con las élites económicas, acentuando de este modo las desigualdades que generaba el capitalismo financiero.

Si representáramos de manera esquemática la situación actual, bastaría con dibujar un segmento sobre un plano y escribir en la sección superior “los de arriba”, los que tienen el capital y crean los problemas y las dificultades a la mayor parte de la sociedad, mientras que en la sección inferior escribiríamos “los de abajo”, los que tienen su fuerza de trabajo y deben arreglárselas sólos para superar las dificultades generadas por el irracionalismo de los de arriba, así como se ven obligados a buscar las soluciones a los problemas creados por aquellos. La delgada línea que divide estas dos secciones simboliza la mentalidad que legitima la relación de dominación de los de arriba sobre los de abajo, cuyo trazo es dibujado por los primeros y aceptado con resignación y servilismo por los segundos. Bastaría con borrar esa línea para eliminar prácticamente todas las injusticias que la mayoría social padece. Pero el cambio de mentalidad es imposible en abstracto, si nos quedamos en un nivel teórico. Para ello es del todo necesario una práctica, una experiencia que desplace supuestos y hábitos. Y es aquí donde radica el poder emancipador del trabajo cooperativo en la medida que empodera a las personas y éstas toman conciencia que son más importantes que el capital. Cuando una persona vive la experiencia de la autogestión, de la propiedad colectiva, de la ayuda mútua, de la satisfacción de sus necesidades auténticas, en definitiva, cuando se reapropia de la vida en común que le niega el capitalismo, inicia un camino que no tiene vuelta. Este es el reto que tiene la economia solidaria: humanizar la economía poniendo el capital al servicio del buen vivir de las personas y de la realización de buena parte de sus capacidades a través del trabajo digno.


Notas

[1] Ver http://www.xes.cat/docpdf/xs0005.pdf

[2] Ver http://www.ripess.org/wp-content/uploads/2013/06/DOC3_global_vision_RIPESS_Chart_ES.pdf.

[3] Ver Desarrollo a escala himana. Conceptos, aplicaciones y algunas reflexiones. Barcelona: Icaria, 1994. Capítulo XIII. Una síntesis de este capítulo se encuentra en el libro La economía desenmascarada. Del poder y la codicia a la compasión y el bien común (2011), escrito con Ohipil B. Smith (Barcelona: Icaria, 2014). Capítulo X, pp. 168-174.

[4] Ver Teoria de la Justicia. Madrid: FCE, 1978, pp. 82-87.

[5] Ver http://www.economiasolidaria.org/red_redes

[6] Ver http://www.ripess.org/?lang=es#

[7] Ver http://www.xes.cat/pages/xs100.php

[8] http://www.coceta.coop/actividades-coceta.asp. Consultado el 21.12.2015

[9] http://institutodetransicion.rompeelcirculo.org/. Consultado el 21.12.2015.

[10] Fuente: https://es.wikipedia.org/wiki/Jackson_(Misisipi). Consultado el 21.12.2015.

[11] https://es.wikipedia.org/wiki/Chokwe_Lumumba. Consultado el 21.12.2015.

[12] Ver https://jacksonrising.wordpress.com/

[13] Todos los testimonios citados estan tomados de un artículo publicado en la revista digital Desinformemonos que ya no está disponible, pero cuya copia se encuentra en la revista digital Rebelión: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=187360. Consultado el 21.12-2015.


Referencia

Esta entrada es la ponencia presentada al X Curso de Derechos Sociales del Observatorio DESC en calidad de miembro de la Comisión de Formación de la Xarxa d’Economia Solidària de Catalunya (XES). La redacción del texto está en castellano al publicarse en esta lengua las ponencias en próximas fechas.